Cae la tarde en Sevilla. La conversación continúa con el dedo de Pepe de Lucía deslizándose de un lado para otro de la pantalla de su celular. Los rostros conocidos se suceden sin interrupción. “Aquí estamos con Antonio Gades cuando hizo la película Carmen. ¡La que formamos con Carmen! Mira, Felipe González, un buen político. Y mira, Jennifer López. Carlos Vives también… Cada foto es una historia. Aquí estamos Menotti, Paco y yo en Argentina. Uno de los mejores entrenadores de todos los tiempos. Aquí, con Moles, que es el que ha hecho el metro aquí, en Sevilla, amigo mío. Aquí Rubén Blades…”.
– Fuera del flamenco, ¿había algo que le gustara a Paco? ¿La salsa?
– La salsa, bueno… Pero a Paco le gustaba la copla. A Paco le encantaba Marifé de Triana. Marifé ha sido un estandarte en mi casa.
– De hecho, el último disco de él se lo dedica a la copla…
– Mira, yo tenía una camisa de Claudio Lugli, de Modena, de seda natural con unas cosas aquí plateadas, ¿no? Y aquí al lado de la plaza de toros de Sevilla había un bar que hacía rabo de toro, el Tenorio, y Antonio, el dueño, nos puso un reservado para Paco, Alejandro [Sanz], el marido de Carmina Ordóñez de entonces, Julián Contreras, yo aquí… Le gasté una broma de muy mal gusto a Alejandro, le tiré una bolita de pan al pecho, y él me devolvió la broma con un trozo de rabo de toro lanzado a la camisa. Obviamente fue culpa mía, por suerte vivía cerca y fui a casa a cambiarme. Paco se reía y le decía a Alejandro, “¿por qué haces eso, porque te ha tirado un pan? ¡Si supieras la de pan que ha tirado Pepe!”. Hasta se lo enseñé a Fran, el hijo de Carmina Ordóñez, que me decía todos los toreros: “¡Deja de enseñarle eso al niño, que nos tiene fritos con las bolitas de pan!”.
– Tiene usted fama de disparar a bolitas de pan con una puntería infalible. ¿No exageran?
– Exactamente, a la distancia que sea te doy. Te habrán contado lo que pasó en Nápoles. Rubén en una esquina, y yo en esta esquina hago con una bolita así, ¡pon! Y Rubén tira un cacho de pan. Yo cojo otro bollo y se lo tiro. Y Manolito Soler otro. Y la gente se contagió tirando pan, servilletas, todo el mundo escondido disparando… El restaurante en peso. Allí el sentido del humor irradia por la piel. Al italiano de Nápoles le gusta la risa y el cachondeo, es como nosotros.
– Hay una figura fundamental que se incorpora a su familia como uno más, y es Camarón…
– Sí, venía siempre a Algeciras con un traje y unas botas, ¡en pleno mes de agosto! Yo le preguntaba si no tenía nada más fresco, y me decía: “¿Me voy a poner yo un bañador?”. Lo que decía por esa boca dulce y melosa no lo ha dicho nadie. Venía a ensayar conmigo y le hubiera gustado componer, pero no lograba rematar las letras. Escribió Yo vi de brillar una estrella/ Toda llenita de corales, era preciosa, no me di cuenta de lo metafórico que era y le sugerí: Yo vi de brillar una estrella/ en medio de los salinares… Me tenía un cariño y un afecto muy especial.
– ¿Cuál es el primer recuerdo que tiene de él?
– Yo vivía en la calle Doctor Castelo, ya me había casado. Cometí una barbaridad casándome tan joven, por la iglesia. Tuve a mi hijo, que fue catedrático de Derecho Penal y murió hace ahora dos años… El caso es que un día me llama el Chico, el palmero de Bambino: “Tengo a un muchacho viviendo aquí en mi casa, Pepe, que trabaja en Torres Bermejas. Si quieres venir, yo te lo presento”.
– Y fue, claro.
– Quedamos en Cascorro y cuando llego junto con Rafael de Huelva, un cantaor que era amigo mío, me encontré que aparece un chaval vestido de azul, con el pelo muy bonito, muy bonito, muy bonito. Le dije “hola”. Yo también era muy tímido, pero es que además verlo me impresionó. “Yo me llamo Pepe”. “Yo me llamo José, como tú”. “Chico me ha hablado de ti y quería conocerte. ¿Tú has hecho algo?”. “Sí, he grabado con Sabicas y con Antonio Arenas, pero no ha pasado nada”. “¿Nos tomamos un cafelito?”. Lo llevé a un bar de Cascorro y lo hice cantar por soleá, después de lo cual me fui corriendo a mi casa, se lo conté a mi padre y a mi hermano Paco, estaba también con nosotros Rebolo, en paz descanse, y al otro día fueron a escucharlo a Torres Bermejas. Y ahí ya lo fichó mi padre en Phillips, donde trabajaba como asesor flamenco. Ahí empezaron los discos de Arte y majestad, los de la primera época de Camarón… ¿Sabes que Camarón llamaba “Alberto” a Paco, por su padrino? Le decía “ole, Albertoooooooooo…”
– Pero Paco contaba que su primer deslumbramiento fue una madrugada, de fiesta en Jerez. ¿Eso fue antes de su encuentro en Cascorro?
– Eso fue verdad, fue mucho antes. Paco rondaba con Casilda de novios, y resulta que José, que se buscaba la vida con Rancapino en la Venta de Vargas, le dijo a Diego Carrasco: “Vamos a ir a ver a las niñas de Parrilla, que son muy bonitas, recién levantadas”. Y fueron, y no pasó nada. Pero yo fui quien salió corriendo en busca de mi padre. Lo que me llama la atención de Paco es que nunca me nombró. Muchas veces Casilda le echaba broncas, “nombra a tu hermano, que nombras a todos los cantaores menos a tu hermano Pepe”. Era de esas personas que guardan su custodia. Si él hubiera dicho “mi hermano Pepe es el que mejor canta ahora mismito”, estaría en otro lugar. Pero nunca lo dijo.
– Pero le llevó con él, ¿no? Usted fue su elegido.
– No, me llevó mi madre, fue ella quien se lo pidió. Yo salí del tablao ganando mucho dinero, ganaba todos los días 50.000 o 60.000 pesetas de las fiestas. Tenía mi vida hecha allí, pero fue mi madre quien le dijo, “llévate a tu hermano Pepe contigo, hijo”. Y mi madre mandaba ahí, porque Paco moría con ella.
«Mark Knopfler dijo: “Cuando oí tocar a Paco, me di cuenta de que no sabía tocar la guitarra”. Keith Richards dijo que hay muchas leyendas de la guitarra, pero por encima de todas ellas está Paco. Y Eric Clapton le escribió un fax proponiéndole que hicieran algo juntos, y Paco decía, ¿qué hago yo con este hombre? No por no hacerlo, sino por timidez»

– Seguro que le llevó con gusto, porque usted fue muy importante en su trayectoria, por no hablar de su papel fundamental en el sexteto.
– Yo no iba a mi aire, yo iba al aire del grupo. Y cuando discutimos en un pueblo de Alemania, no me acuerdo cómo se llamaba, pero tuvimos una pelea muy gorda, me dijo: “Ya estás en Madrid”. Eso no se ha puesto nunca en una entrevista. Fue la última vez que actuamos juntos. El día antes, en Dortmund, habíamos estado de cachondeo, nos hartamos de reír. Pero luego Casilda le había dicho a Paco que le deseaba todo lo mejor del mundo, pero que no volviera a casa, y este tema sentimental lo desequilibró. Tuve un encontronazo con él, y le pregunté si me iba a pegar una paliza, como a Al Di Meola.
– ¿Le pegó a Al Di Meola?
Sí, cerró un cuarto y Al Di Meola decía “no Paco, no more, please”. Y entonces le pregunté eso, y me puse a repetir “Paco, Paco, Paco, Paco”, que era lo que dijo mi madre cuando agonizaba, repetía su nombre. Y fue cuando me dijo “ya estás en Madrid”. ¿Y quién le ha hecho la tumba a Paco? Yo. Trece meses metido en el cementerio.
– Pero, ¿se puede saber qué le pasó con Al Di Meola?
– No lo sé, era de esos tíos repelentes, repelentes, que ya llega un momento en que te hartan, y Paco acabó dándole.
– Cuando hablé con Al Di Meola, se refirió a Paco con extremo afecto, debió de olvidar aquel incidente. ¿Cuánto tardó usted en reconciliarse con Paco?
– Estuvimos juntos viendo a Malú en el Starlite, tomando champán. ¡Pero no dijo que estuvo conmigo! Dijo “mi sobrina es como su padre, tiene la misma fuerza, canta como su padre”. Ahí fue la primera vez que mi hermano dijo algo de mí en toda su vida. Custodiaba su fama. ¡No quería que yo tuviera fama! Como cantaor frustrado que era, tenía… ¿No lo recuerdas mirándome en el Solo quiero caminar y riéndose?
– ¿Se refiere a la película de Saura? Ahí lo mira con cariño y admiración.
– Mucho. Pero no fue capaz de decir nada. El único que se portó bien conmigo en aquella pelea fue Rubén, que fue al camerino a decirle a Paco: “Sois hermanos, Pepe tiene dos hijos, tú no lo puedes tirar así”. Pero me dijo Ramón: “No, no, no te vistas, que no vas a trabajar”. Si no llega a estar Ramón, yo me visto, salgo a trabajar, y a Paco se le olvida completamente.
– Ramón, ¿mediaba entre ustedes?
– Ramón le echaba broncas hasta a su sombra.
– Por muchas peleas de hermanos que ustedes tuvieran, también debieron haber vivido años muy buenos, dando la vuelta al mundo, cosechando éxitos, ¿no? ¿No fueron muchos más los buenos momentos que los malos?
– Mira, cuando hicimos la primera gira, cuando logré que Paco se incorporara a la gira Spanish Dancer de Greco en Denver, para mí se abrió un mundo, porque yo ya no lloraba de miedo en las habitaciones. A los catorce meses volvimos en el Vulcania, Nueva York-Boston, Boston-Gibraltar. Y luego Greco hizo otra gira, pero él no se peleó con Greco para que me llevara, se llevó a Cancanilla y a Barrilito, pero a mí no…
– Cuentan que Ramón no se atrevía a incorporar instrumentos extraños como el bajo o la flauta. ¿Cómo recuerda usted la creación del sexteto?
– La flauta fue de lo primero, con el grupo Dolores… Yo traté mucho a Pedro-Ruy Blas, tocó en mi disco Caminando, tocaron percusión Tito Duarte y él. Con Dolores, entró el bajo y entré yo. Aquello era una bomba en el escenario. Cuando me ponía “¡Ababalua!”, “¡Buana Buana!”, la gente se volvía loca… Los gitanos de La Camargue me decían que no cantara Buana Buana, y Paco decía: “Pues ahora la va a cantar dos veces”. Y Juan Ramírez la que formaba, porque le daba miedo el avión y hacía miles de kilómetros en el camión del sonido.
«Lo que me llama la atención de Paco es que nunca me nombró. Muchas veces Casilda le echaba broncas, ‘nombra a tu hermano, que nombras a todos los cantaores menos a tu hermano Pepe’. Era de esas personas que guardan su custodia. Si él hubiera dicho ‘mi hermano Pepe es el que mejor canta ahora mismito’, estaría en otro lugar. Pero nunca lo dijo»

– ¿Con quién se llevaba usted mejor del grupo?
– Al principio, con Soler. Era una persona muy discreta, muy normal, muy sencilla, con un pedazo de ritmo. Hacía un baile muy de hombre, cortito, porque tampoco Paco necesitaba a Antonio el Bailarín dando vueltas por el escenario. Necesitaba algo que le cambiara el concepto sobre el escenario.
– ¿Cómo fue la marcha de Soler del sexteto?
– En Costa Rica se puso muy malito, porque tenía un problema de corazón. Me llamó a la habitación, estaba llorando, yo bajé a su cuarto y me dijo que ya no lloraba más, que se iba. Y era porque alguien, no digo quién, lo había dejado solo en el hospital. Alguien había salido a dar una vuelta por ahí y lo había dejado solo. Yo no hago eso. Yo me quedo con él en el hospital. Aquel abandono fue lo que le hizo marcharse. Y luego, con quien mejor me llevé fue con Cañizares.
– ¿Qué tenía Cañizares?
– Comprensión.
– ¿Cómo vivió usted los cambios del sexteto?
– Fue sobre la marcha. El sexteto empieza con el disco Solo quiero caminar. El mejor recuerdo que tengo del sexteto es a mi hermano y a Rubem Dantas, y a Cañizares. Ponlo en grande.
– ¿Eso significa que con los otros, regular?
– Si cuando tuvimos la bronca, hubieran dicho, “Paco, Paco, tranquilo, que eso ha sido una tontería, no pasa nada…” Pero no lo hicieron porque no les interesaba de cara a Ramón. De cara a Ramón, mucha gente ha callado.
– ¿Usted se sintió decepcionado por el hecho de que Ramón no intercediera a su favor?
– No hizo nada. Él siempre tuvo celos de Paco, y eso se lleva siempre implícito en la persona. Y luego celos de que alguien le quitara el cariño de Paco… Se puede echar la gente encima de mí, pero fue así. Ramón era el que partía el bacalao en el sexteto, Paco le tenía mucho respeto, incluso miedo. Mucho miedo.
Y el sexteto nuevo, el de la última etapa, ¿cómo lo vio usted?
– Eso rompió todo. Paco no estaba feliz.
– ¿Usted cree?
– ¿Tú le ves la cara? No era lo mismo.
– ¿Por qué cree que no funcionó, qué le faltaba?
– Algo le faltaba a él, y eso se lo llevó a la tumba.
– Antes hemos mencionado a Tomatito, ¿cómo se llevaba con Paco?
– Uña y carne. Creo que es con quien mejor se ha llevado.
– ¿Mejor que con Vicente?
– Cuarenta mil veces. A Vicente lo conocimos cuando era un niño chico, en Córdoba, pero yo siempre digo que Paco, Camarón, Tomate y yo éramos el Equipo A. Tomatito ha sido como de mi familia, vivía conmigo y sacaba a mis hijos Malú y José y los llevaba al colegio. Y en Algeciras también se quedaba conmigo. Lo malo es que le gustaban mucho los gallos de pelea, y siempre traía alguno que no nos dejaba dormir.
«Él siempre tuvo celos de Paco, y eso se lleva siempre implícito en la persona. Y luego celos de que alguien le quitara el cariño de Paco… Se puede echar la gente encima de mí, pero fue así. Ramón era el que partía el bacalao en el sexteto. Paco le tenía mucho respeto, incluso miedo. Mucho miedo»

– Hemos hablado también de Alejandro Sanz, que no siendo un músico flamenco tuvo una enorme química con Paco. ¿A qué cree que se debió?
– Paco conoció a Alejandro en sus últimos tiempos, pero le cogió pasión. Unas Navidades que estaba en mi casa, se fue para casa de Alejandro, y éste le tenía muchísima admiración a Paco. A Alejandro lo conocí en El Rinconcillo, muy jovencito, era casi un niño. Venía a menudo a ver a Ramoncito, mi sobrino, y pasaba por el patio de mi casa. Tiempo después me encontré con Miguel Ángel Arenas, y me comentó: “Pepe, hay un niño con mucho talento al que le he grabado un disco, su padre es de Algeciras, a ver si haces algo por conocerlo”. Lo que no imaginaba era que su padre fuera Jesule, con quien habíamos hecho muchas galas juveniles. La primera vez que lo vi actuando fue en la Plaza Torres de Algeciras, me encontré allí con Paco Pizarro y le dije: “Ese chaval va a llegar muy lejos”. Y sí, empezó a despuntar como una bala. Mira [muestra una foto de una cinta con la leyenda ‘Sanz 97’], tengo esto en mi casa, el máster de la grabación de La margarita dijo no y Corazón partío. Él siempre venía a traerme pescado frito, y una vez le monté una fiesta en mi casa, que vino gente de toda España. “Es tuya, haz lo que quieras con ella, como si la quieres reventar”. Creo que eso es lo que hay que decir cuando le ofreces tu casa a un amigo. Malú y él echaban peleas de pasteles, y al día siguiente me dejaban el jardín lleno de hormigas y de dulces… [risas]
– También tuvo muy buena relación con músicos enormes como Chick Corea. ¿Pudo usted tratarlo con asiduidad?
– Chick Corea era de la iglesia de la Cienciología. Actuamos una vez con él para el público japonés, estaba lloviendo a mares, a tope, y los japoneses aguantando el chaparrón. Hemos compartido escenario con los mejores. Yo he visto a Sonny Rollins tocando en un festival con Paco, y a Miles Davies, no me podía creer cómo tocaban.
– También tocó con Santana en un concierto…
– Bueno, eso fue como si tocara Raimundo Amador. Santana hacia cuatro acordes donde Paco hacia rrrrrrrrrrrrrrrrr… Mark Knopfler dijo: “Cuando oí tocar a Paco, me di cuenta de que no sabía tocar la guitarra”. Keith Richards dijo que hay muchas leyendas de la guitarra, pero por encima de todas ellas está Paco. Y Eric Clapton, cuando perdió un hijo que se la cayó de un rascacielos, le escribió un fax proponiéndole que hicieran algo juntos, y Paco decía, “¿qué hago yo con este hombre?” No por no hacerlo, sino por timidez.
– ¿Cree que Javier Limón aportó algo a la música de Paco?
– Hubo tantas personas que sacaron provecho de Paco… Sí, yo fui el mentor de Javier Limón, y estoy orgulloso de eso. Hace poco su hijo lo comentó en una entrevista, Javier empezó en el flamenco con Pepe, venía a mi casa y yo lo enseñaba a cantar. No había vivido esa experiencia nunca y la viví con él, pasamos muy buenos momentos. He estado con él en Boston con su mujer, Eva, que es un cielo para mí. Y con ellos conocí a una persona que me dio un hijo… Cosas de la vida.
– Pero Paco fue quien le abrió las puertas de la nueva tecnología, ¿no?
– Pregúntale al de Dobletronic de Madrid, y te mata, porque fue el primero que trajo el ProTools y todo eso. Pregunta por ahí quién fue Jesús de Dobletronic.
– ¿Cómo era Paco en el estudio?
– Lo tenía claro, en el estudio era todo del tirón. Una vez en una soleá, cuando grabábamos El orgullo de mi padre, había ese cambio que llaman el macho, y no me salía… Él vivía en Mirasierra, se levantó para irse, y le dije: “Espera un momento, Paco, lo hago solo una vez más”. ¡Y me salió! Así pude acabar y llevarlo en coche a Mirasierra.
– ¿Sabe por qué Paco eligió Cuba como lugar de residencia al final de su vida?
– Fuimos mucho a Cuba, con Cubana de Aviación, ¡unas goteras en los aviones! Y a Paco lo vetaron por ello en Miami. Creo que pensaba que viviría de otra manera, en el kilómetro cero de La Habana, donde vivían Raúl Castro y Maradona y García Márquez, a quien me encontré una vez saliendo del Dos Gardenias. Yo estaba allí grabando en el estudio de Silvio Rodríguez con Miguel Ángel Arenas, y me dijo: “Hombre, don Lucía, ¿dónde está Paco?”. “Al otro lado del golfo, en Cancún”. “Pues dale recuerdos”. Paco se esperaba otra cosa, pero lo mandaron a un pueblo. Perdió una maleta con su ordenador, Leo Brouwer no le hacía mucho caso… Y ahí empezó a agobiarse.
– ¿Cómo se enteró de la muerte de Paco?
– Estaba acostado y a eso de las cuatro de la mañana sonó el teléfono. Era mi hijo: “Buenas noches, papá”. Le dije de inmediato que no eran horas para llamar, “me vas a dar una mala noticia, ¿verdad?”. “Tito Paco ha muerto”. Me pasó algo raro, los ojos se me destrabucaron, no es un dicho, y ha pasado algún tiempo hasta que han vuelto a su sitio. Me fui a casa de Casilda, donde se reunieron todas las familias, y de ahí al Auditorio Nacional. Tengo fotos del cadáver de mi hermano que no voy a colocar nunca, pero es mi hermano y puedo hacerle las fotos que quiera. ¡Hay fotos de Mandela muerto! Luego cogí mi coche, recogí en Andújar a mi compadre José [Rodríguez], que le hacía guitarras a Paco, y nos fuimos a Algeciras. Yo iba dando tumbos, para mí fue una conmoción.
«En un pueblo de Alemania tuvimos una pelea muy gorda y me dijo: “Ya estás en Madrid”. Eso no se ha puesto nunca en una entrevista. Fue la última vez que actuamos juntos. El día antes, en Dortmund, habíamos estado de cachondeo, nos hartamos de reír. Pero luego Casilda le había dicho a Paco que le deseaba todo lo mejor del mundo, pero que no volviera a casa, y este tema sentimental lo desequilibró. Tuve un encontronazo con él, y le pregunté si me iba a pegar una paliza, como a Al Di Meola»

– ¿Hubiera sospechado alguna vez que pudiera irse tan pronto?
– A Paco, como a Camarón, lo mató el tabaco. Recuerdo que cuando estábamos grabando Potro de rabia y miel, Paco paró el coche en la calle Feria y me dijo: “Bájate y compra cuatro paquetes de tabaco”. “No te compro cuatro, te compro dos”. Y me responde: “Compra cuatro o te echo del coche”. “Pero Paco, ¡si el coche es mío!”. Fumaba del tabaco grande que venden en Gibraltar, que es solo para muy fumadores.
– ¿No puede resentirse también un cuerpo después de tantos años de viajes y actuaciones?
– Las giras eran mortales. Muchas noches sin dormir, levantarte muy temprano y partir para otro lugar después de haber descansado apenas unas horas… Recuerdo una vez que, después de actuar en el Carnegie Hall de Nueva York, teníamos que tomar al día siguiente un avión para Caracas, pero quien nos recogía llegó tarde… Ese autobús corriendo por Nueva York para llegar a tiempo al aeropuerto, aterrizar en Caracas y, nada más llegar, una matiné y un concierto esa misma noche en el Teresa Carreño.
– Y sin embargo, Paco buceaba y jugaba al fútbol…
– Sí, me pregunto cómo fumando tanto bajaba hasta el fondo. En Cozumel me enseñó cómo los peces se ponían a tiro porque se arrimaban al cable submarino, que estaba calentito por la corriente. Y tenía más pulmones que yo. Me acuerdo también de que en Punta Allen me dijo, “te voy a presentar a los tiburones”, y yo le respondí, “cuando quieras”. Él no tenía barca, le gustaban los cayucos largos. Vimos los sábalos alrededor de la embarcación, hasta que apareció un tiburón. Me levanté. “¿Dónde vas?”, dice Paco. “¿No dices que me lo vas a presentar?”. “¡No, Pelleja!”. Me tiro y el tiburón se va para abajo. Y él, “¡Pepe, Pepe! ¿Qué haces?” [risas] Los tiburones nos han rodeado muchas veces. Una vez estaba yo solo, y el barquero durmiendo, cuando vinieron a por mí. Pegué un grito de “¡Manolo!” –así se llamaba– que se enteró el Caribe entero. Manolo me dijo que no me preocupara, que estaba pendiente, pero temía toda la barriga llena de puntitos de estar durmiendo boca abajo.
– Bueno, usted ha tenido siempre fama de temerario… Una vez leí una entrevista en la que Paco contaba que incluso había hecho frente a un hombre que le apuntaba con un arma de fuego.
– Aquello fue en Lima, Perú. Salimos del bar del hotel Crillón, un tipo nos llamó gachupines, le respondí, sacó una pistola y le dije que a ver si tenía cojones de disparar. “Sí, te voy a tirar a bocajarro”, dijo, me puso la pistola en el pecho. No me disparó porque Paco quitó la mano. Alguien le pegó un guantazo, no sé si Paco o alguien que anduviera por allí. En algunos lugares te pegan un tiro en menos que canta un gallo, pero yo no le tengo miedo a nada, es una desgracia que tengo. A lo único que tengo miedo es al amor.
– Ha acariciado usted el Grammy Latino con el disco Pepito y Paquito.
– Un poderoso me dijo que si no eres americano, no te lo dan. Que me conformara con la medalla de Tiffany’s. Allí los premios los tiene José Iturbe, al que íbamos a ver con Paco cuando trabajamos con Greco en Hollywood, Plácido Domingo… No hay sitio para el flamenco.
– ¿Es cierto que quiere crear una escuela de guitarra con su nombre?
– Han puesto una en Algeciras, pero yo quiero poner una en Portugal, en la frontera. En Montinho, donde nació mi madre. Quiero comprar la casa donde nació, y tengo todos los trofeos de Paco, porque me los regaló él. En una Bienal de Sevilla vino a mi casa y me dijo: me llevo las guitarras, pero te dejo los trofeos, porque son objetos y yo no quiero eso. ¡Regalaba los premios, porque decía que no eran nada! ♦



































































