Esta edición del Congreso “Antonio El Chaqueta” está dedicado al papel de la mujer en el flamenco, recordando a dos figuras como Joaquín Vargas Soto “El Cojo de Málaga” y Francisca Santiago Carmona “La Curra”, continuando con los reconocimientos iniciados en ediciones anteriores.
Este certamen se llevará a cabo en tres espacios escénicos: el Teatro Paseo de La Velada, el Museo Cruz Herrera y el Palacio de Congresos, además de en la Unión Deportiva Linense.
La posición de la mujer a lo largo de la historia ha estado subordinada a la del hombre, así como a los roles culturales que históricamente se les asignaban: criar a sus hijos, el cuidado del hogar, el cuidado de los mayores, o atender a su marido, entre otras muchas. Durante una extensa etapa, a las mujeres se les restringió la posibilidad de expresar sus opiniones y pensamientos, así como la búsqueda de su propio crecimiento personal y profesional. Esta situación de subordinación se ha dado en todos los ámbitos de la vida social y en todos los estratos jerárquicos de la sociedad.
A pesar de lo que se ha avanzado, la brecha de género todavía existe y aquí, en el Campo de Gibraltar, de media una mujer tiene que trabajar 99 días más que un hombre para ganar lo mismo. El desempleo se ceba con ellas, ya que suponen dos tercios de las personas paradas en la comarca.
Ha tenido que transcurrir mucho tiempo para que la mujer tenga derecho a expresar su opinión y pensamiento propio, así como a su desarrollo personal y profesional, inviable hasta hace muy poco.
A lo largo de la historia del flamenco, la mujer ha desempeñado un papel fundamental en este arte, tanto en su desarrollo como en su expresión artística. A pesar de los obstáculos y la discriminación a la que se han enfrentado, muchas mujeres han logrado hacer importantes contribuciones y han dejado una huella indeleble en el mundo del flamenco.
El flamenco es una forma de expresión que refleja emociones profundas, y las mujeres han sabido transmitir esas emociones con su voz y su baile. Bailaoras como Carmen Amaya y del flamenco.
Hoy en día, las mujeres siguen siendo una fuerza importante en el mundo del flamenco, ganando cada vez más reconocimiento y oportunidades para mostrar su arte y hacer su propia contribución, aportando sus vivencias, su diversidad y sus matices. Con su trabajo y su talento, ellas están llevando el flamenco a nuevos horizontes y manteniendo viva la llama de una tradición que ha resistido el paso del tiempo.
Centrándonos en la mujer y el flamenco, esto no ha sido diferente. Además, no podemos dejar a un lado la figura de la mujer gitana, grupo social que, durante siglos, ha preservado y desarrollado el flamenco como una parte cultural de su día a día. Por tanto, a la situación generalizada socialmente en la participación de la mujer en la vida pública, había que añadir unos valores propios del pueblo gitano, muy ligados a la familia y a la intimidad.
La participación de la mujer en el flamenco se limitaba al ámbito privado y doméstico, a eventos organizados en entornos familiares. Además, una vez casadas, esta privacidad se veía fuertemente influenciada por el hecho de estar mal visto que la mujer se dedicase al flamenco como oficio. En muchos casos, ni se les permitía, y en otros, ni siquiera ellas eran conscientes de que podían tener una carrera, o pensaban que ellas no lo merecían.
Actualmente esta situación ha cambiado mucho, aunque quedan peldaños por subir para las mujeres. Afortunadamente, el flamenco cuenta con numerosas y grandes artistas, con carreras impecables, y su contribución ha enriquecido este arte, haciéndolo aún más vibrante y significativo.













